José Francisco Bellod Redondo doctor en Economía
Grupo de Investigación “Economía, Territorio y Medio Ambiente” de la UPCT
“Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger”.
Molotov
La intensa y duradera crisis económica iniciada con la implosión de la burbuja inmobiliaria en 2007 (crisis “subprime”, quiebra de Lehman Brothers…) ha devenido en un duro proceso de deconstrucción del Estado de Bienestar. Tras unos primeros momentos en los que cundió el pánico entre la burguesía, cuando los dirigentes políticos y empresariales reaccionan solicitando medidas excepcionales contrarias a la ortodoxia neoliberal (recuerden al presidente G. W. Bush solicitando “un paréntesis en la economía de mercado... para salvar la economía de mercado) y una mayor intervención estatal de orientación keynesiana, subvenciones multimillonarias a empresas e incluso nacionalización (temporal) de bancos e industrias; el capital retoma la iniciativa y hoy se encuentra a la ofensiva, dictando duros planes de ajuste a los otrora avanzados países europeos que se jactaban de gozar de altas tasas de crecimiento económico y protección social.
El consenso liberal – socialdemócrata forjado tras la II Guerra Mundial, ante el descrédito de un derecha que se había plegado a las exigencias de los partidos fascistas y con la presión de la entonces pujante economía soviética; se asentaba sobre bases keynesianas. Ese consenso (amplias libertades + amplias prestaciones sociales) ha hecho aguas ante la incapacidad del capitalismo de generar riqueza suficiente para mantener las conquistas sociales prometidas a los trabajadores a la vez que se mantenía una elevada tasa de rentabilidad el capital. Y frente a la reacción popular ante la pérdida de derechos sociales el sistema, ahora nuevamente crecido, reacciona recortando libertades con ingerencias neo – coloniales sobre las legislaciones e incluso sobre las Constituciones de los países europeos.
Sucede que, una vez más, se ha verificado la tendencia a la desaceleración del crecimiento capitalista a la que Marx hizo referencia reiteradamente en su obra. El mito de la “mano invisible” popularizado por Adam Smith según el cual el sistema de mercado, mediante la libre (descoordinada) actuación de los agentes individuales, guiados por su propio interés (codicia), conduce al mejor de los mundos (prosperidad para todos), ha hecho aguas nuevamente.





















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